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Laura Cano

Estaba pasando el rato en el parque con mi hermana y una amiga, sentadas en el césped, contándonos chorradas típicas de niñas de 15 años.

Se acercaron unos chicos a decirme lo guapa que era y , de buenas a primeras, se abalanzaron sobre mí para que uno de ellos pudiera besarme.

Recuerdo a mi hermana diciendo mi nombre repetidas veces. A mi amiga intentando quitarme a los tíos de encima.

Mientras, yo me retorcía para evitar que me besara.

Afortunadamente, pasó alguien, por aquel entonces conocido.

Les dijo “eh, Dejadla en paz” y en ese momento me soltaron.

Se fueron riéndose.

A pesar de que mi respuesta a sus insinuaciones siempre fue un no, la respuesta de otro hombre fue lo que les frenó.

Desde ese momento, ese conocido pasó a ser amigo, aunque quizás él ni lo recuerde.

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