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SOS, ¡PIROPOS!,

iPiropo

Lisonjas, requiebros, galanterías, alabanzas, elogios o halagos son las formas más sutiles de acoso callejero. Si estos términos te parecen demodés, puedes llamarlo terrorismo verbal.

Diversos estudios internacionales presentan datos concluyendo que el acoso verbal callejero está presente en todo el mundo y que las cifras no son para tratar el fenómeno como un problema social menor.

En 2017, El OCAC (Observatorio Contra El Acoso Callejero) publicó un estudio que pone claramente de manifiesto lo traumático que es no poder ir por la calle libremente, vestidas como queramos, siendo nosotras mismas y sin tener que soportar impertinencias y piropos de nadie.

POESÍA EN EXTINCIÓN.

La verborrea y el ingenio de los siglos XVII y XVIII dejan una herencia en nuestro país popularizada en la que el hombre, a través de su poder, se impone a las mujeres: frases ingeniosas, lo llamaban por entonces; poesía en extinción, llámese ahora.

El papel de la mujer, el de la buena madre y la buena esposa continúa herido por las palabras de un lenguaje cargado a punta de pistolas de miedo, asco y sinvergonzonería.

El piropo no corteja; es un acto de dominación de género que hace latente en los espacios públicos el principio de superioridad masculina mediante la cual se confirma la existencia de la mujer observada.

La iniciativa del Observatorio Ciudadano de Acoso Callejero en Perú presta atención a los tocamientos, la masturbación pública, pero también al seguimiento, los silbidos, los comentarios sexuales, o las miradas fijas.

“Decimos que es violencia pues, además de ser no deseada, ocasiona en las mujeres impactos negativos como temor a transitar solas por las calles, demoras innecesarias al evitar ciertas zonas consideradas inseguras, gastos extra para poder costearse transporte privado, dependencia de otros hombres (padres, hermanos, parejas, entre otros) a quienes piden compañía y protección en las calles, abandono de centros de trabajo (si la zona del trabajo es considerada insegura para una mujer), entre otros”.

Dice el Observatorio de Perú en su página web.

DESDE HOLLYWOOD CON AMOR.

La industria del cine estadounidense es fuente de influencia mundial; las grandes pantallas de los cines y hogares de todo el mundo están repletas de películas con escenas en las que se identifica a la mujer como objeto de placer. ¿Un ejemplo? Marylin Monroe, sex symbol por antonomasia.

Mucho tiene que ver esto con la cultura del piropo:

El término escapofilia es definido como “instinto o movimiento compulsivo hacia la contemplación placentera de otras personas, ya sea en la vida real o en el cine”.

Y es Laura Mulvey, analista femenina del séptimo arte, explica en su ensayo “Placer visual y cine narrativo” esa búsqueda desesperada del placer a través de la mirada en la figura del personaje feminino.

La industria narrativa de Hollywood, por tanto, se enfoca en el placer voyeurista del espectador hombre, representando a la mujer como un trozo de carne con ojos.

Literatura o cine, España o América, el piropo descansa asentado en una realidad definida que poco o nada tiene que ver con la galantería con la que se definieron en su origen.

“Tanta carne y yo sin dientes”.

Por si no se podía tocar la fibra sin tener tacto. Se destroza la sensibilidad, se abusa del poder.

Y desde Hollywood con amor, nos trasladamos a las calles de Latinoamérica. En 2016, un estudio realizado por Mujeres de la Matria Latinoamericana, puso de relieve que

  • El 100% de las mujeres había sufrido alguna forma de acoso callejero alguna vez en su vida.
  • El 51% fue víctima de comentarios sexistas.
  • Un 70 % de las mujeres recibieron comentarios sobre su apariencia física.
  • El 80% bocinazos o silbidos.

SI TU CUERPO FUERA CÁRCEL…

Reflexionamos sobre la evolución de la sociedad en cuanto al fenómeno y entendemos que la concienciación varía por factores sociales, culturales, y económicos pero que las ciudades ni están preparadas, ni son espacios protegidos para que se pueda actuar en consonancia ante este problema mayor.

La parte buena, porque la hay, es que gracias a diferentes movimientos feministas, como el Observatorio de la violencia de género https://observatorioviolencia.org/, se trabaja desde diferentes partes del mundo con la luz de alarma encendida: abriendo las calles y gritando el cambio.

Ahora ya sí se percibe que existen comportamientos normalizados que no lo son y que miran hacia perspectivas más críticas y sancionables.

Estamos en el camino de la transformación y el papel de nuestros gobiernos es muy importante: es de base tratar el problema con la importancia que se merece.

No me hables, #notienesmipermiso.

Para más información, consulta estos enlaces:

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