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Rosa

Iba con una amiga por la calle Princesa, en Madrid.

Un hombre mayor (de unos cincuenta o sesenta años) extendió su mano al pasar al lado mío.

Me tocó, literalmente, todo el coño.

Fue súper sutil, no sé explicarlo, tendría que hacer el gesto en directo. 😅

Yo seguí andando como si nada en plan, no puede ser. Pero vamos que así fue: asqueroso.

Anónimo

He tenido suerte de no haber vivido muchas situaciones de acoso, pero me sorprende mucho que la única que he vivido y la más próxima la vivi aquí, cuando llegué a Madrid.

Estaba muy tranquila de estar en Madrid: haciendo vivido en Granada y Tenerife nunca había tenido ningún problema con ser lesbiana, ni en la facultad, más allá de algunas de estas situaciones incómodas en las que alguien te pide que seas explícita sobre tus prácticas sexuales y movidas, así que yo acuso eso más a la ignorancia que a otra cosa.

Pero sí que es cierto que, cuando llegue a Madrid, iba un dia hablando con mi novia por la calle, por Chueca, lo cual hace la experiencia aún más curiosa y un viejo nos empezo a gritar: “¡Asquerosas!¡Que asco!”.

Me llamó mucho la atención porque de todos los sitios del mundo donde podía esperar que algo me pasara ,Madrid no estaba entre ellos y mucho menos, Chueca.

Agarré a mi novia por la cintura y seguí caminando.

María José Galiano

Salí de noche con unas amigas. Estábamos en una discoteca y yo dije “venga, nos vamos”.

Pedí un Uber.

Mi amiga y su novio me acompañaron a la esquina del local y yo me quedé esperando el coche.

Durante la noche, había un grupo de tíos un poco raros alrededor nuestra, que quisieron hablar conmigo; yo pasé.

Lo último que recuerdo, tras despedirme de mis amigxs, es despertarme en el escalón de una librería.

Sin móvil.

Sin saber dónde estaba, hasta que me ubiqué, habían pasado dos horas.

No se qué fue del Uber.

Unas chicas me contaron que los chicos habían estado allí hablando conmigo.

Lo vieron pero pensaron que eran amigos míos.

Después de eso volvieron a la discoteca y, al salir, me encontraron inconsciente en la puerta.

Tras eso, una de ellas me acompañó a coger un taxi para volver a casa.

Del resto no recuerdo nada.

Laura Cano

Estaba pasando el rato en el parque con mi hermana y una amiga, sentadas en el césped, contándonos chorradas típicas de niñas de 15 años.

Se acercaron unos chicos a decirme lo guapa que era y , de buenas a primeras, se abalanzaron sobre mí para que uno de ellos pudiera besarme.

Recuerdo a mi hermana diciendo mi nombre repetidas veces. A mi amiga intentando quitarme a los tíos de encima.

Mientras, yo me retorcía para evitar que me besara.

Afortunadamente, pasó alguien, por aquel entonces conocido.

Les dijo “eh, Dejadla en paz” y en ese momento me soltaron.

Se fueron riéndose.

A pesar de que mi respuesta a sus insinuaciones siempre fue un no, la respuesta de otro hombre fue lo que les frenó.

Desde ese momento, ese conocido pasó a ser amigo, aunque quizás él ni lo recuerde.

Alba

Una noche de verano iba andando sola, por el centro de Granada. El plan era ir a casa de unos amigos, jugar a unos juegos de mesa.

Llevaba los cascos puestos e iba escuchando música.

Era temprano, serían las 22.ooh aproximadamente y en el trayecto, que no se tardaría más de 15 minutos, me crucé con un chaval. No tenía mala pinta.

Seguí andando.

Cuando estaba en la puerta de casa de mis amigos noté algo detrás de mí: me giré y era el mismo chaval con la polla fuera y tocándose.

Se abalanzó sobre mí.

Empecé a gritar el nombre de mis amigos, que para mi suerte tenían la ventana abierta.

El chaval vio movimiento y salió corriendo.

Ese día tuve suerte porque no me pasó nada más grave, pero me he preguntado que habría pasado si no hubiera estado tan cerca de casa de mis amigos.

O si en lugar de en un bajo, hubieran vivido en el 5º…

Olga

En mi época universitaria, que me movía mucho por el centro de la ciudad y cogía de forma continua el autobús, me pasó de todo por las calles.

Desde acercarse un hombre a mí en bicicleta y bajarse los pantalones, hasta otras ocasiones que me han perseguido y chistado reiteradamente.

O ir caminando y pasar una bici por mi lado y darme una palmada en el culo.

Muy humillante, sí 🙁  .

Lo peor:

Un hombre mayor, muy bien vestido, que se sentó junto a mí en el autobús y me insistía en que dejara mis estudios para irme con él, que ya lo estaba haciendo con otras chicas.

Tuve que bajarme mucho antes de mi parada e ir andando hasta la universidad.

Mj Vico

Estaba de copas con unas amigas y se acercaron dos chicos sevillanos.

Estuvieron cansoseando un buen rato. Nosotras no les prestábamos mucha atención pero, ni así, se daban por aludidos.

No queríamos ser mal educadas con ellos y al final decidimos abandonar el local. Cuando nos dirigimos a otro lugar, nos dimos cuenta que nos perseguían.

Había que hacer cola a la entrada de la discoteca y ellos, ni cortos ni perezosos, se pusieron a nuestro lado insistiendo para que les diéramos la mano y los hiciéramos pasar por nuestras parejas para poder asegurase la entrada al local.

Nosotras nos negamos.

Ellos nos insultaron llamándonos PUTAS y GUARRAS a voces y en presencia de muchísima gente.

En ese momento, supongo que por inmadurez o por no discutir con idiotas, nos callamos y nos dimos la vuelta pasando de sus insultos.

Hace unos 14 años de ello per hoy día, desgraciadamente, tenemos que seguir aguantando a incultos.