Al amparo de los espacios públicos

 

El acoso en lugares públicos, como calles o medios de transporte, sigue siendo un grave problema en muchos países

 

En 2008 se condenó por primera vez a un hombre en Egipto por tocamientos y acoso a una mujer en público

 

 

 

Los lugares públicos… espacios en los que muchos aprovechan para ejercer violencia al amparo del anonimato y la total impunidad e incluso aceptación social que hay en muchas culturas y sociedades al respecto. Y es que el acoso en lugares públicos, como calles o medios de transporte, sigue siendo un grave problema en muchos países.

El acoso sexual en lugares públicos constituye una práctica cotidiana en ciudades de diversas partes del mundo (New York, Hong Kong, Sevilla, La Habana, Bogotá, Nueva Delhi, Lima, Ottawa, en ciudades de Arabia Saudita, Kuwai, México…) y las formas que adopta son muy variadas (ofensas verbales, acoso físico, exhibicionismo, etc.), así como los interlocutores a los que se dirige: mujeres, niños, homosexuales, etc.

 

El problema de la invisibilidad

 

Una frase ofensiva, una mirada lasciva, un toqueteo sexual, son experiencias de todos los días para muchas personas cuando se desplazan en su día a día. Sin embargo parece no constar como un problema serio y real que haya que atajar en nuestras sociedades.

La experta en el tema Patricia Gaytan Sánchez aborda este problema en su trabajo “El acoso sexual en lugares públicos: un estudio desde la Grounded Theory”. “El acoso sexual en lugares públicos es un componente invisible de las interacciones cotidianas, que afecta las vidas de muchas personas, pero del que se habla muy poco. La brevedad de su duración, así como la forma velada en la que muchas veces se presenta, disfrazándose de halagos, susurrándose al oído o confundiéndose en la multitud, lo hacen aparentemente intangible” explica.

 

El caso de Egipto

 

En 2008 se condenó por primera vez a un hombre en Egipto por tocamientos y acoso a una mujer en público. Según los informes, hasta el 83% de las mujeres egipcias sufren acoso sexual. A la víctima en el caso egipcio, una cineasta de 26 años, la policía le exigió que llevase a su padre y a su agresor a la comisaría antes de permitirle presentar una denuncia por agresión. El autor fue declarado culpable y condenado a tres años de trabajos forzados y a una multa de 5.001 libras egipcias (895 dólares estadounidenses). Este hecho, junto con otros que tuvieron gran repercusión, ha llevado al gobierno egipcio a plantearse la promulgación de nueva legislación sobre acoso sexual. Así como campañas para combatir el acoso mediante la religión. En este sentido distribuyó un folleto a 50.000 imanes de todo el país para sensibilizar sobre el problema y sugerir estrategias para que los líderes religiosos aborden esta cuestión.

 

Iniciativa popular #NoTienesMiPermiso

 

Para combatir este tipo de acoso, que puede incluir insinuaciones sexuales y contacto físico inoportunos, los códigos penales deben tipificarlo como delito. Y eso es precisamente lo que busca la iniciativa popular,#NoTienesMipermiso, promovida por Mancomunidad La Vega, para que se legisle el acoso callejero en España. Más de 1.100 personas han firmado la petición en CHANGE.ORG pero se necesitan muchas más.

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El piropo. ¿Gusta o Disgusta?

Según la socióloga Patricia Gaytan “ el acoso sexual en lugares públicos es algo más que el desencanto de un piropo mal dicho”

 

Carol Gardner o Stanley y Wise están en la posición de considerar que cualquier piropo es acoso dado que significa la invasión de la privacidad

 

 

El piropo “callejero”, ese que te llega de un modo espontáneo cuando andas por la calle ¿gusta o disgusta? ¿halaga o molesta?. Mucho se ha escrito y debatido ya sobre este tema y las opiniones son de todos los gustos y colores. Como en todo en esta vida, las formas, el contenido y cómo y de qué manera provenga influyen… y mucho.

De hecho, según la investigadora Natálie Venclovska, para que una declaración sea un piropo debe cumplir con las siguientes características: tiene que ser público (que hayan más personas presentes), bonito (en fondo y forma), oportuno e ingenioso (no caer en obscenidades).

Entonces… ¿por qué puede resultar molesto o incluso abusivo? ¿Quizá la clavé esté entonces en diferenciar entre piropo y comentario obsceno? ¿Pueden influir también creencias, cultura, educación y valores?

Según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud realizada por Profamilia en 2010, una de cada cinco mujeres afirmó que en algún punto de su vida había experimentado acoso sexual en un lugar público. La encuesta pone de manifiesto por ejemplo que las colombianas están acostumbradas a lidiar con piropos, silbidos, pitazos y toqueteos, y que la sociedad sigue viendo con indiferencia esas frases burdas que hacen del cuerpo un objeto sexualizado.

“Es sumamente injusto que tengamos que aprender desde la pubertad en adelante a mirar el suelo cuando pasamos cerca de una construcción o junto a un grupo de hombres para evitar notar cómo sus miradas se clavan en nuestras pechugas”. Estas son las palabras de una integrante del Observatorio Contra el Acoso Callejero de Chile (OCACChile).

 

Del Piropo al Desencanto

 

Patricia Gaytan Sánchez en su estudio sociológico “Del Piropo al Desencanto” habla de que desde una perspectiva amplia “a priori” no todo acto de piropeo constituye acoso verbal ya que para muchas personas recibir un piropo “bonito” es una forma de sentirse halagada y bien. Para otras, en cambio, aunque les agrade el piropo en sí, pueden experimentar sentimientos encontrados por el hecho de que un desconocido les dirija la palabra en determinados qué contextos. En este sentido otros especialistas como Carol Gardner o Stanley y Wise están en la posición de considerar que cualquier piropo es acoso dado que significa la invasión de la privacidad de una mujer, bajo el principio de la accesibilidad permanente.

 

¿En qué momento entonces un piropo se puede convertir en acoso verbal?

 

Según la socióloga Patricia Gaytanes difícil encontrar un consenso pues las opiniones son muy variadas al respecto. Incluso, aunque más o menos existen algunas coincidencias, tampoco creo que se pueda llegar a establecer un consenso acerca de los piropos que se consideran bonitos y los que son ofensivos, pues lo que para una persona puede ser tolerable, para otras no”.

Lo que sí que nos recuerda Gaytan en su estudio es que el acoso sexual no se reduce al piropeo, sino que muchas veces va acompañado por miradas insistentes, silbidos, susurros (al oído), gruñidos y tosidos, llamadas insistentes, palabras malsonantes, toqueteos, saludos verbales….

Y concluye… “El acoso sexual en lugares públicos es algo más que el desencanto de un piropo mal dicho: es una interacción violenta que nos compele a entender las relaciones de poder entre hombres y mujeres en la vida cotidiana de una forma diferente”.

 

 Iniciativa popular #NoTienesMiPermiso

 

Desde hace unos meses en nuestro país ha nacido la iniciativa popular,#NoTienesMipermiso, promovida por Mancomunidad La Vega, precisamente para que se legisle el acoso callejero en España. Más de 1.000 personas han firmado la petición en CHANGE.ORG pero se necesitan muchas más.

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